CRÍTICAS DE ARTE

  • “Del realismo del paisaje al realismo del bodegón. Arte realista en los comienzos del siglo XXI que se plantea aún tener cosas que decir y, por ello, reinventarse dentro de los géneros que lo encarnan. Lejos han quedado los atisbos tenebristas, luministas o vaporosos del siglo XVII. Ahora se impone a la necesaria destreza técnica, a la plasmación del yo del artista en cada una de sus creaciones. Y para ello, transparencia. Esa es una de las premisas de Adolfo Córdoba, pintor que se inscribe dentro de la más pura tradición realista española, conjugando elementos tomados de la naturaleza con otros inventados por el hombre. Así, desarrolla naturalezas muertas en las que indaga la relación de las figuras con el fondo. Éste se encuentra animado por el color, las pinceladas que describen hermosos timbres cromáticos con que resaltar la belleza del motivo principal representado. Una rama de flores de almendro, rosas, claveles o brevas se esencializan así, como verdaderos sujetos de la narración plástica. Para ello, en ocasiones opta por no establecer relación naturalista alguna en cuanto al espacio. Si acaso una breve y perfectamente bien construida sombra nos ayuda a matizar los volúmenes de lo pintado. Pero al mismo tiempo, con este recurso nos recuerda la propia naturaleza de cada lienzo, su delimitación dentro de la plástica, su condición de Pintura con mayúsculas. Y es que no imita la Naturaleza, se la reinterpreta, se busca dignificarla. Así, en sus marinas resulta de extraordinaria calidad el tratamiento de la espuma, de cada una de las rocas e incluso de propia atmósfera. Ésta, a modo de bruma, parece interponerse a lo expresado. La calidad de sus texturas, siempre brillantes y definidas, la nitidez de su línea por medio de un dibujo muy cuidado no pierde un ápice de autenticidad y da marca de estilo en cada uno de sus cuadros. Adolfo Córdoba es un maestro en el tratamiento de las calidades de los objetos, especialmente de los paños. Asemejados a las telas de Holanda nos recuerdan a maestros de otro tiempo, nos hacen pensar en la Edad de Oro de la historia de la pintura española. Nada es accesorio, nada redunda en lo ya contado. Cada cuadro de este pintor es una declaración de intenciones sobre su modo y manera de pintar a día de hoy”

    ADOLFO CÓRDOBA Y EL REALISMOS - ELA DEL POZO COLL.
    El Punto de las Artes. Madrid. (Año 2.007)
  • “Del grupo de pintores realistas malagueños que invadió el panorama creativo local a comienzos de los años ochenta del ya distante siglo XX, ha sido Adolfo Córdoba figura que, con el paso de los años y la búsqueda incesante a través del ejercicio entusiasta del oficio, uno de los que ha sabido vencer la frialdad a la que conduce siempre, en pintura al menos, cuando el resultado de la obra no es la aprehensión de la sustantividad del modelo al que se enfrentó el artista -paisaje, interior, figura, bodegón, flor, marina incluso-, sino la recreación más o menos lograda de su realidad objetiva. Y siendo así que la pintura es símil de lo visto, la intuición aliado del sentimiento cuando se ahonda en lo visionado y la atmósfera la vía por la que se alcanza la magia plástica -magnitudes que el artista ha sabido combinar acertadamente-, vemos que los presentes cuadros de Adolfo Córdoba expresan el inicio de una nueva fase pictórica, según se observa, al haber sabido ahormar el quietismo del ritual realista y su glacialidad con las necesarias atmósferas que toda realidad objetiva precisa para hacerla creíblemente cálida y cercana al hondón de su misterio rescatado. La soltura del lenguaje pictórico de esta nueva hornada de sus obras -especialmente marinas y paisajes- habla de la sabia utilización de una espátula eficaz al mejor servicio de unos ámbitos donde, desde lo glacial, se abre paso una suerte de frescura naturalista por la que sin duda transita la inquietud investigadora de su autor”

    DE REALISMO Y ATMÓSFERA - JULIAN SESMERO RUIZ
    De la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo. (Año 2.007).
  • “Cuando el artista toca con su dedo cualquier tema de la naturaleza para elevarlo a la categoría de arte, está captando la realidad, está usando imágenes reales para dar un mensaje ideal. Nada puede haber en el cerebro que no entre por los sentidos, y nada puede entrar por los sentidos que no tenga consistencia tangible. Es decir, presencia real. En arte se ha acordado en llamar realista al artista que en su expresión personal toca los temas sin atenuación ni idealización alguna. Sin embargo, yo difiero de ese concepto filosófico, y parto de la aceptación de que el arte todo lo puede elevar, engrandecer e idealizar. Así entro en la valoración de la pintura de Adolfo Córdoba. Sus temas son reales, sus composiciones están formadas por elementos naturales, pero alienta en sus cuadros un pálpito, digamos, “irreal”; algo así como un mensaje poético. Toca las cosas humildes y las llena de una “fragancia” pictórica distinta y distante de la realidad. Sus objetos son tomados de la naturaleza viviente (flores, frutos, nidos, árboles o peñascos), pero los inflama de esencialidad poética. Los envuelve en unos colores cálidos y los hace estar y flotar al mismo tiempo en un ambiente de luz tamizada y caliente.Siendo un pintor realista, se recrea en los detalles de sus “Bodegones abiertos” y en los toques de sus pinceles sobre los objetos “artificiales” que incluye en sus composiciones (cestos, máscaras, relojes, cobres, cerámicas…); no tienen sus cuadros la pesadez de lo estático ni la frialdad de lo muerto. Viven, flotan, alientan, respiran. Están tocados por la gracia poética.Adolfo Córdoba tiene abiertos todos los caminos de la pureza para su arte. Está viviendo en lo real, captando lo real, pero engrandeciendo con sus pinceles los objetos sencillos y los frutos campesinos”

    MANUEL FERNANDEZ MOTA
    Poeta y escritor. (Año 1.994)
  • “La realidad es inconmensurable, abarca sentimientos y ámbitos de la imaginación; de ahí que consideremos realismo el bodegón en un interior que puede ser simple ejercicio pictórico, la composición de recreaciones y ambientes, una flor que flota porque el autor así la ve, o la abstracción informalista que es realidad anímica por cuanto puede significar impactos tonales, matéricos o volumétricos, más o menos normal. Significa esto que el ensillamiento, las definiciones, “ismos” y escapes no alcancen a considerar lo que carece de medidas, obligados cumplimientos y normativas. Al fin y al cabo arte es comunicación, impacto, singularidad en marco estético.Son consideraciones que nos formulamos ante la pintura de Adolfo Córdoba que presentas su obra en Madrid. Adolfo parte de la realidad de sus alrededores para formar su propia suposición que la eleva a categoría objetual. Hay obras, como “Boungainvillea”, en la que una rama cuajada de flores, corolas encendidas entre hojas verdes, protagoniza el primer plano de un paisaje sin final en el que la naturaleza es pura magnificiencia. Y hay pinturas, bodegones “higos”, óleo sobre tela en mesa de tabla limpia, donde el dibujo es primor y su conjunto armonía; con la similitud elevada a categoría y el impacto mágico que ese realismo proporciona, verdad y virtud en la recreación justa. Y es que este pintor, que ya ha realizado exposiciones en diversas galerías españolas y extranjeras conoce sus capacidades y se ejercita en el oficio de pintar desde la consideración de oficiar un ritual de necesidades físicas y anímicas, con el mundo exterior y sus interiores que es realidad suya; realidad hecha pintura con naturalezas y afanes, ejercicios intelectuales y meras recreaciones”

    REALIDADES Y REALIZACIONES DE ADOLFO CÓRDOBA
    El Punto de las Artes. Madrid. (Año 1.995)
  • “La pintura realista o hiperrealista, ha sido tachada profusamente de fría, falta de carga emotiva e impersonal, metiendo en un cajón de sastre a todo artista que con más o menos fidelidad representa la realidad de un modelo concreto. Bien es cierto que buen número de pintores en todos los tiempos han recurrido al oficio, a la más pura artesanía para presentarnos una obra vacua, estereotipada y superficial, pero no caben en este cajón los verdaderos artistas del realismo (y éste es el caso de Adolfo Córdoba) que han sabido impregnar su obra del sentimiento necesario para que se establezca un diálogo de sutil lenguaje entre ésta y el observador sensible, condición imprescindible además de los valores estéticos y plásticos para diferenciar a unos de otros. Adolfo utilizando una depurada técnica, hace uso de ésta, no para mostrarnos la realidad que todo el mundo observa, haciendo filigranas de pincel, sino para a cercarnos a esa otra, “su realidad”, entendida en gamas cromáticas sobrias, que envuelven poéticamente sus naturalezas muertas y paisajes”

    ROBLES MUÑOZ
    Pintor Artístico - (Año 1.993)
  • “A juzgar por lo que está sucediendo en el campo de la pintura desde hace algunos años a ésta parte, diríase que ese realismo expresivo que es sensible y maestro a un tiempo se ha uncido “per natura” a las creaciones de los pintores jóvenes andaluces, y sobre todo a las de los que viven su vida artística en las ciudades privilegiadas de Sevilla y Málaga. Está sucediendo sencillamente que, muchísimos de esos jóvenes andaluces están desdeñando olímpicamente los “cantos de sirena” de las vanguardias pictóricas, a sabiendas de que uncirse a ellas constituye un magnífico negocio porque sus obras podían contar con las alabanzas y los incensamientos de un sector poderoso de la crítica de arte que es cómplice en los desafueros estéticos del presente por estar inmersa en suculentos tinglados artísticos con proyección internacional. Y ese es el caso concreto del artista malagueño Adolfo Córdoba. Su “caso hiperrealista” es singular porque ha sido capaz, a estas alturas, de introducir innovaciones en dicha parcela expresiva. Por una parte ha sido, por así decirlo, el “inventor” del “bodegón al aire libre”: es decir, composiciones con cosas, flores o frutos que no se amustian en interiores penumbrosos, sino que viven una vida jubilosa en plena naturaleza. Y por otra, cuenta con el secreto de mantener en esas flores o en esos frutos, frescores de vida, a pesar de haber sido arrancados de la cercanísima madre tierra. Ahora bien, esos límpidos bodegones naturistas plenos de veracidades y maravillosos preciosismos, están proclamando a todos los vientos que Adolfo Córdoba -pintor completo- es también un sensibilísimo paisajista”

    EL REALISMO EXALTADO Y MAESTRO DE ADOLFO CÓRDOBAANTONIO COBOS
    Decano de la Asociación de críticos de Arte. (Año 1.995)